
"Algunas cosas están bajo nuestro control y otras no. Sólo tras haber hecho frente a esta regla fundamental y haber aprendido a distinguir entre lo que podemos controlar y lo que no, serán posibles la tranquilidad interior y la eficacia exterior". Epicteto
Y así fue, que un día abrumada por el cansancio, desperté. Reinicié.
Hasta el momento, no había incorporado ciertos aprendizajes, que con los años alcancé.
Vivía cuestionándome, y fue quizás en ese afán de hallar respuestas a aquél vacío, en donde encontré luz. Un nuevo horizonte.
Nunca antes, había sentido tanta calma ante los inconvenientes que iban presentándose. Nunca antes había comprendido que todas esas malas rachas, por nada eran en vano, sino que me conducirían a un lugar mejor, mucho mejor.
Y no necesariamente ante los ojos de los demás lograría grandes cosas, no era de mi importancia, pero sabía que en mi interior sí.
Hasta ese preciso momento me había rendido una vez más ante el dolor, ante la decepción. Pero fue cuando, harta de mediocridad, y de estancarme sin lograr avanzar, me puse de pie, observé mi reflejo y reflexioné.
Pude ver un largo camino por recorrer, personas que acompañaban mis pasos. Las mismas caras.
Comprendí desde lo más profundo, que quería una vida intensa, sin importarme cuánto viviría. Quería sentirme llena. Sentir que estoy bien, que practico el bien.
Fue en ese momento, que mi vida hizo un completo giro.
Aprendí, y ahora no quiero dejar de hacerlo, DÍA TRAS DÍA. Momento a momento.
Y son éstos pensamientos, los que me acompañarán hasta mis últimos días.





No hay comentarios:
Publicar un comentario