Todo el tiempo estamos entre el sí y el no..
Elegir entre sí y no tal vez sea la decisión más difícil de tomar a lo largo de todos nuestros días.
Hay veces en que la diferencia entre optar por uno u otro, no llega a ser determinante, sino que la consecuencia puede ser minúscula, incluso insignificante. Pero otras... otras, puede dar un completo giro a tu vida. "El NO ya lo tengo", dice alguien para darse coraje y lanzarse a un desafío, porque el no es lo que nos rige. Decimos que no a todo, todo el tiempo inconscientemente. Te limitás. Me limito, y eso es una forma del NO.
En ocasiones, vamos por un SÍ. A veces, sin medir las consecuencias, y ese es el que abruptamente cambia todo. Y para ser más realista, hasta puede causar estragos.
¿Pero en cierta medida, no se trata de eso la vida? ¿De arriesgar? ¿De ser un poco menos conscientes, y ceder lugar al sano impulso?
El SÍ nos compromete, y nos desnuda. Es el SÍ el que expone nuestros deseos. Es el SÍ quien señala que de algo carecemos, que algo buscamos, que algo queremos. Es el SÍ un acto de valentía, frente al gran NO cobarde que muchos prefieren, por comodidad.
Una vez más estoy enfrentada ante esa decisión. Que todo siga siendo no, o apostar al SÍ y zambullirme en la vida. Esa vida que vivimos deteniendo con el NO..





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