Here, I am

domingo, 26 de julio de 2009

Errores


En ocasiones, confiamos en que nuestro poder persuasivo, el amor y el tiempo terminarán por poner mágicamente las cosas en su lugar. Sobre todo las mujeres, padecemos con frecuencia de una nociva omnipotencia que nos hace creer que el poder de nuestro amor hará que nuestra pareja cambie y se adapte a nuestros deseos. Es así como nos enganchamos, por ejemplo, con un seductor que, como buen seductor que es, no sólo nos seduce a nosotras, sino a cuanta mujer admire por cierta cualidad. Sin embargo, nosotras estamos convencidas de que nuestra presencia hará que su carrera de seductor llegue a su fin y que se dedique a seducirnos sólo a nosotras, como si se tratara del simple trámite de firmar un contrato de exclusividad. Del mismo modo, ponemos el ojo en un bohemio que toca rock o jazz en un pub y, a los cinco meses de relación, comenzamos a inquietarnos porque no logramos inculcarle el buen hábito de acostarse temprano y levantarse temprano para hacer las actividades correspondientes. Pasado un tiempo más, lo que más nos enamoró de él, su bohemia musical, termina por parecernos detestable y procedemos a hacer los reclamos pertinentes. Y aquí nos estrellamos contra una pared, porque él nunca prometió cambiar. Era nuestra omnipotencia desmedida la que estaba segura de lograr un cambio positivo. Es preciso comprender que las personas, en general, no cambian y que si lo hacen forzadas por las circunstancias (o unicamente frente a la persona que intentan convencer que se comportan de manera adecuada) y no por el propio deseo y ante TODA situación, nada bueno se puede esperar de ese cambio. Por eso, no es conveniente manejarse en el terreno de las relaciones de pareja con criterios inmobiliarios: no elegir una pareja para reciclar y hacer reformas. Mudate sólo si la persona te ofrece todos los requisitos que se desean.


Otro punto importante a la hora de hablar de errores en las relaciones de pareja, suele ser dar todo por sentado. No establecemos pactos verbales y ejercemos la ceguera voluntaria. En este punto entran muchos errores que tienen que ver con el "síndrome de la pareja a cualquier precio". Convencidos de que la pareja "lo es todo", privilegiamos el hecho de estar en compañía por sobre todas las cosas, sin detenernos a chequear si el plan de futuro que estamos armando es el mismo que tiene previsto nuestra pareja. Es así como, luego de cierto tiempo, podemos "descubrir" con horror que él- separado y con hijos grandes- no quiere volver a tener hijos, mientras que nosotras queremos estrenar la maternidad. Podemos "descubrir" que no tenemos criterios comunes en el manejo del dinero; que no podemos ponernos de acuerdo en los criterios de educación que, en el futuro será la educación de nuestros hijos; que no tenemos la misma visión de la vida, que nuestro criterio de lo que es importante y lo que es aleatorio no coincide en absoluto, que no compartimos las mismas creencias religiosas o la misma ideología y que eso amenaza con transformarse en un abismo...Pero ¿realmente lo "descubrimos" de forma tardía , o es que elegimos ser ciegos a todo aquello que pudiera hacernos dudar de emprender con esa persona lo que más queríamos: la aventura de estar en pareja?
Para dejar de fracasar, es preciso permitir que la duda se cuele siempre, preguntarse y repreguntarse si esa es la persona correcta para estar a nuestro lado.

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