
Refugiándote, escondiéndote, detrás de esa careta que no te deja ni visualizar. Sólo podes mirar, con falsos ojos entreabiertos, tratando de buscar tu satisfacción. Tratando de convencerte de que tu conciente, puede vencer a tu corazón.
Y así vas, y te conformas con las migas de pan que te quedan, y las querés armar, como si fueran rompecabezas. Te juras que no vas a volver, pero de vez en vez, apareces. Luego te vas, donde el orgullo, algo irreal, pero tan tuyo, te impide llegar a donde querés. Y lo perdés, y lo aceptás y te rendís a los pies del rencor.
Pero creés encontrar la solución y te buscás un falso amor que cure tus heridas, esas que vos mismo alimentaste. Después lo analizas, y ahí ves que no das más, pero no hay vuelta atrás.
Los días pasan factura.
Y la muchacha habla de más y piensa de menos. No baila y no se ríe. Sabe menos de la vida de lo que describe, y ni siquiera sabe volar. Ella es tan veloz, tu consuelo, tu pañuelo de lágrimas, tu refugio. Yo soy tu meta, tu sueño, tu pasión, tu vida, tu inspiración, tu todo y tu canción. Ella está muy cerca y yo estoy muy dentro.
Soy el amor de tu vida, pero no me podés ver. Aunque me busques de día, de noche, no me vas a tener. Ya no te voy a susurrar al oído, ya no te voy a abrazar. Me guardo todo lo que tengo, lo que algún día te comencé a regalar. Entraste en un laberinto y conoces la salida, pero preferís estancarte y dar con puertas clausuradas, oxidadas.
Ya estás adentro, es hora de jugar. Tu juego preferido, ¿no lo podes ganar? ¿Qué pasó con tu destreza? ¿A dónde fue a parar? Deberías recapacitar sobre tu forma de andar..
Hice bien mi tarea. Ahora nunca existí.





No hay comentarios:
Publicar un comentario